Modo
Cuando el dolor de lumbar no viene de las lumbares
Es un clásico en el estudio. Llega un alumno y me dice: "Vengo a fortalecer las lumbares porque me duelen mucho". Y mi respuesta, tras una valoración inicial, suele sorprenderles: "Vamos a dejar tus lumbares tranquilas un rato y vamos a ver qué pasa en tu cadera y en tus pies".
El cuerpo humano es una cadena de conexiones (cadenas cinéticas). Pensar que el dolor está solo donde duele es como culpar a la bombilla de que no haya luz cuando el fusible ha saltado en el cuadro eléctrico.
La víctima y el culpable
A menudo, la zona lumbar es la víctima, no la culpable. Es la zona que "grita" porque está trabajando de más para compensar la falta de movilidad o estabilidad en otras zonas cercanas.
Por ejemplo:
- Si tus caderas están rígidas, tus lumbares tendrán que moverse más de la cuenta cada vez que caminas o te agachas.
- Si tu glúteo está dormido (amnesia glútea) y no hace su trabajo de extensión, las lumbares cargarán con ese peso.
- Si tu zona dorsal está bloqueada (joroba), la curva lumbar se acentuará para compensar la mirada al frente.
Pilates como detective del cuerpo
En las clases no nos limitamos a hacer abdominales para "proteger la espalda" (un concepto por cierto bastante anticuado). Lo que hacemos es investigar. Buscamos devolver la movilidad a la cadera, despertar los glúteos, movilizar los tobillos y estabilizar la pelvis.
Cuando las piezas de alrededor empiezan a hacer su trabajo, la lumbar, por fin, puede dejar de trabajar horas extra. Y el dolor, mágicamente (aunque es pura biomecánica), desaparece. No porque hayamos machacado la zona dolorida, sino porque hemos arreglado el funcionamiento del equipo completo.